La lojanidad, es una manifestación de identidad propia, que la trasmitimos cada día

Editorial

 

Manuel de J. Lozano

21 de Diciembre de 2008

Por: Lenin Paladines Salvador

 

La lojanidad, es una manifestación de identidad propia, que la trasmitimos cada día, como herencia de una cultura que se remoza: en cada verso, en cada poema, ensayo o novela, en cada pincelada de amor... que se desmaya en el pincel m*gico... de un pintor enamorado, o quiz*, en el trinar de una dulce melodía... que agita el viento, de una gaviota en raudo vuelo.

La vida de los lojanos... es una larga sinfonía de sonidos, que armonizan esperanzas, sueños e ilusiones. Cada uno de nosotros, acunamos en nuestro ser, la dulzura de una canción primaveral, cuyo ritmo musical, acompaña cadenciosamente... los latidos de un corazón enamorado.

El Maestro Lozano, en esta vez se sentirá perjudicado, pues quien debe relevar su inmortal obra, carece de la sapiencia que el tema y autor lo merecen, sin embargo, cuando nombro al Maestro, al ruiseñor de la noche, al dueño del estilo estético por la belleza exclusiva de su construcción musical, mis borroneadas y deslucidas cuartillas, se contagian de su particular gracejo musical, transportando a los presentes a la mágica luz de su infinita melodía, al mundo de estrellas rutilantes que circundan el firmamento de esta Loja milenaria.

De la tierra donde nació, donde vivió, y donde entregó lo mejor de su corazón musical; de esa barriada que lo vio crecer... y lo vio partir, dejando a su paso, un nombre, un sello musical que, escrito en palabras de oro, dice: Maestro MANUEL DE JESÚS LOZANO, artífice indescriptible del patrimonio musical de Loja y su gente. Aún divagan en la mente de los lojanos aquellas palabras de despedida que decían: Amigo fraterno, compañero de bohemia, cuando caiga la tarde, volveremos a vernos en el paraje de siempre, con el frescor y el verdor de nuestro valle del Malacatos, recibiendo la brisa al caer el sol y entonando alguna de tus magistrales obras. Cuando caiga la tarde, viviremos juntos la agonía del sol y el nacimiento de una luna en otoño. Amigo... cuando caiga la tarde, nos volveremos a ver, para extasiarme en tu paz y en tu bondad celestial.Hoy la brisa murmura tu nombre, anunciando el júbilo de sentirte eterno.

Hoy, a cien años de tu existencia, eres fuente de inspiración eterna, eres colibrí que fecundó la sabana, que entregó su inmenso corazón por la música lojana; eres amigo, eres el carmín que enciende los rosales, eres la estrella que ilumina los inquietos arrabales. Se marchó, se fue en una tarde fría de verano, no quiso mirar la noche, para estar presente en la luz de la vida, para sentir el calor del sol en primavera, para seguir componiendo una magistral obra a las mieles de un amor eterno. Manuel de Jesús Lozano, al caer la tarde con el ocaso del día, tu imagen será la sombra que alumbre las tinieblas, y cada una de vuestras composiciones será la guía que lleve la barca hasta puerto seguro.

Amigo, si algún día pasas por la campiña lojana, no olvides entrar al valle del Malacatos, que un violín anunciará tu llegada y un coro de ángeles te cantará la bienvenida. Maestro, hasta pronto, hoy la responsabilidad es nuestra, primero, por perennizar tu obra y difundir "tu tesoro artístico"; y, segundo, por inmortalizar cada una de tus composiciones con el trabajo de la simiente nueva, mujeres y hombres que desean seguir la senda que has dejado; Maestro Lozano, que en tu nueva travesía, siempre exista: ...buen viento ...y buena mar.

Tomado de Diario la Hora


 


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